La decisión fue dolorosa, profundamente íntima y cargada de años de silencios acumulados. Tatiana Alderete, mujer policía de la provincia de Santa Fe, firmó su baja voluntaria luego de diez años de servicio, poniendo fin a una carrera que alguna vez fue un sueño y que hoy se transforma en una herida abierta que interpela a toda la institución.
“No fue una decisión fácil”, expresa. Todavía con los ojos llorosos y una fuerte carga emocional, Tatiana relata el peso de una estructura burocrática que, según sus palabras, no escucha, no acompaña y muchas veces deja solos a quienes más necesitan respaldo. Se va con la frente en alto, convencida de haber dado siempre lo mejor de sí, pero agotada por un sistema que, aun respetando la vía jerárquica, nunca le dio respuestas.
En su testimonio, Alderete describe una realidad que excede lo personal. Habla de injusticias que no solo se viven en la calle, sino también dentro de la propia institución, donde el apoyo esperado de los altos mandos muchas veces no llega. “Duele más cuando los que te deben respaldar se hacen los ciegos”, afirma.
Con firmeza y claridad, deja un mensaje contundente: no quiere ser un número más. Rechaza de plano cualquier interpretación trágica sobre su decisión y remarca que su vida vale, que su límite fue el cansancio mental y emocional. Denuncia que muchos efectivos buscan ayuda por problemas personales o laborales y no son escuchados, ni siquiera mediante la lectura de expedientes o el análisis de cada situación particular. En ese abandono, advierte, algunos compañeros terminan tomando decisiones irreversibles.
Tatiana se va, pero no sin antes dejar un deseo: que se revisen profundamente las cuestiones administrativas y humanas dentro de la fuerza. Tenía veinte años más de carrera por delante, pero no pudo continuar. Aclara que nunca dejará de amar y respetar el uniforme, aunque reconoce haber llegado a un punto de hartazgo que hizo imposible seguir.
Entre la emoción y la nostalgia, recuerda con cariño los pequeños rituales del día a día: el calor del uniforme, lustrar los borcegos antes de cada guardia, el rodete impecable, la rutina laboral. También marca una realidad incómoda: los privilegios existen, y no todos parten del mismo lugar. A algunos siempre les tocó “remarla más”, y ella se reconoce dentro de ese grupo.
Hoy, prioriza su bienestar familiar, físico y mental. A quienes continúan dentro de la fuerza, les desea fortaleza. A quienes sueñan con ingresar, les pide que lo piensen bien. Con 156 años de historia, señala, muchas cosas cambiaron en la Policía de Santa Fe, y no precisamente para mejor.
Aun así, no se va con rencor. Agradece los momentos lindos, el crecimiento personal y a los buenos compañeros que Dios puso en su camino. Los malos recuerdos, dice, quedarán guardados en un cajón.
Una decisión penosa, sí. Pero también honesta, valiente y necesaria. Una historia que invita a reflexionar sobre el costo humano del silencio institucional y la urgencia de escuchar a quienes, durante años, sostienen la seguridad desde adentro.
Eso expresó Tatiana Alderete, mujer policía de la provincia de Santa Fe.
Fuente: Sauce Viejo Hoy
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