Memoria por aquellas mujeres que en distintos momentos de la historia levantaron su voz frente a la injusticia, la desigualdad y las condiciones indignas de trabajo. Muchas de ellas pagaron con su vida el simple hecho de reclamar lo que hoy parece elemental: respeto, derechos e igualdad.
Por eso el 8 de marzo es, al mismo tiempo, un día con un origen triste, pero también un símbolo de fortaleza. Porque de aquellas luchas surgieron conquistas que marcaron el camino para generaciones enteras.
Hoy, más que una consigna, debe ser una jornada de reflexión. Una oportunidad para valorar el rol fundamental de la mujer en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en cada espacio donde su esfuerzo y su compromiso construyen presente y futuro.
A todas las mujeres:
feliz día hoy y todos los días, con el reconocimiento y el respeto que merecen.
Por Antonio Paré






