Y eso parece ser lo que algunos dirigentes gremiales pretenden cuando, a medida que se acerca el año electoral 2027, vuelven a instalar discursos que tienen más olor a campaña política que a una genuina defensa de los trabajadores.
Que quede absolutamente claro: los docentes merecen salarios dignos. Nadie que tenga sentido común puede discutir el derecho de un maestro o un profesor a cobrar un sueldo que le permita vivir con dignidad. Esa es una causa justa y debe ser defendida siempre.
Pero una cosa es defender al trabajador y otra muy distinta es utilizarlo como escudo para construir poder político.
Hoy vemos cómo algunos sectores sindicales rechazan sistemáticamente las propuestas salariales del Gobierno provincial y profundizan medidas de fuerza, sosteniendo que las ofertas no alcanzan para recuperar el poder adquisitivo perdido. Es un reclamo legítimo dentro de la discusión paritaria. Sin embargo, también es legítimo preguntarse por qué la misma contundencia no apareció con gobiernos anteriores, cuando el salario docente también perdió valor y miles de trabajadores vieron deteriorarse su economía.
La memoria no puede ser selectiva. No se puede levantar una bandera según quién ocupe la Casa Gris. Si el reclamo cambia de intensidad según el color político del gobierno de turno, entonces deja de ser una lucha gremial para convertirse en una estrategia partidaria.
Los trabajadores de la educación no son propiedad de ningún sindicato. Son profesionales formados, inteligentes y con criterio propio. No necesitan que nadie los utilice para sostener proyectos políticos ni para alimentar el regreso de sectores que, cuando gobernaron, también dejaron profundas deudas con quienes dicen representar.
Durante demasiados años, algunos dirigentes sindicales se acostumbraron a hablar en nombre de todos, mientras permanecían cómodamente instalados en estructuras de poder. Los docentes, en cambio, siguieron frente al aula, sosteniendo la educación pública con esfuerzo, compromiso y vocación.
La verdadera defensa del trabajador no consiste en convertir cada conflicto salarial en un acto de campaña. Tampoco en hacer de cada movilización una tribuna electoral.
Santa Fe necesita sindicatos independientes, no brazos políticos de ningún espacio. Necesita dirigentes que discutan salarios con la misma firmeza gobierne quien gobierne. Y necesita docentes libres, no rehenes de estrategias partidarias.
Porque la educación no puede transformarse en un campo de batalla electoral.
A los trabajadores les corresponde un salario digno.
A los dirigentes gremiales les corresponde coherencia.
Y a la sociedad le corresponde algo que nunca debería perder: la memoria.
Porque cuando la memoria desaparece, la historia vuelve a repetirse… y quienes siempre terminan pagando el costo son los trabajadores.
Redacción: Info Central
Edición y adaptación periodística: Antonio Paré





