Por Antonio Paré.
Durante décadas, una parte importante de la dirigencia política sembró una de las peores herencias que puede recibir una sociedad: la destrucción de la cultura del trabajo. A fuerza de clientelismo, subsidios mal administrados y promesas vacías, millones de personas fueron empujadas a depender del Estado en lugar de generar oportunidades para progresar con esfuerzo propio.
Hoy el resultado es evidente. Existen personas plenamente sanas, con capacidad para trabajar, que han naturalizado vivir de la asistencia permanente. Muchos ni siquiera hacen el esfuerzo por mantener en condiciones su propia vivienda o mejorar su realidad. No se trata de condenar la pobreza; la pobreza merece respeto y oportunidades. Lo inadmisible es convertir la dependencia en un modo de vida y presentarla como un derecho adquirido.
Pero tan grave como esa realidad es el papel de quienes la alimentan desde un micrófono o una cuenta en redes sociales. Aparecen los falsos referentes, los supuestos periodistas de la solidaridad selectiva, que viven criticando a los gobiernos de turno mientras callan sobre las verdaderas causas de la decadencia. Construyen relatos, fomentan el victimismo y buscan protagonismo explotando la necesidad ajena.
Lo más preocupante es que hoy se ha invertido la escala de valores: al esfuerzo se lo ridiculiza, al mérito se lo cuestiona y a la dependencia se la celebra. Se aplaude la comodidad mientras se desprecia a quien se levanta cada mañana para trabajar honestamente.
El progreso de un pueblo jamás se construirá sobre el asistencialismo eterno ni sobre discursos demagógicos. Se construirá cuando el trabajo vuelva a ser un valor, cuando la responsabilidad personal deje de ser una excepción y cuando la sociedad deje de premiar a quienes viven sembrando resentimiento, división y conformismo.
Porque ningún país saldrá adelante mientras algunos sigan convenciendo a la gente de que otros tienen la obligación de mantenerlos. La verdadera justicia social no consiste en repartir pobreza, sino en generar oportunidades para que cada persona pueda vivir con dignidad gracias al fruto de su propio esfuerzo.






