El gobierno de Javier Milei atraviesa un punto de inflexión. Lo que comenzó como una gestión con un relato potente de cambio radical, ajuste implacable y “orden económico”, hoy se ve cercado por múltiples frentes de conflicto que lo obligan a retroceder, a improvisar y, sobre todo, a entrar en una dinámica defensiva que erosiona la autoridad presidencial.
La política que se vuelve en contra
En sus primeros meses, Milei intentó imponer una agenda a través de decretos y de la llamada “Ley Bases”, buscando legitimarse como un presidente capaz de arrasar con lo que definió como “la casta política”. Sin embargo, el Congreso, donde no tiene mayoría, se transformó en una muralla de resistencia. Gobernadores, legisladores de la oposición e incluso antiguos aliados comenzaron a tomar distancia, conscientes de que acompañar sin condiciones un programa de ajuste despiadado implica pagar costos políticos en sus provincias.
El discurso de la motosierra, que al inicio entusiasmó a ciertos sectores del electorado, empieza a mostrar sus límites cuando la realidad golpea: no alcanza con la retórica para construir gobernabilidad. Y en ese terreno, Milei corre de atrás.
El frente social en ebullición
Las calles volvieron a ser protagonistas. Movimientos sociales, sindicatos y gremios docentes han salido a protestar con mayor intensidad. La CGT, que había tenido un tono más expectante al inicio, ya se ubica en la vereda de enfrente con paros y movilizaciones. La recesión, la pérdida de empleo y la caída del poder adquisitivo hicieron crecer la bronca social.
Lejos de desactivar el conflicto, el Gobierno lo alimenta con declaraciones altisonantes y medidas que golpean directamente a los sectores más vulnerables. El relato de que “no hay plata” se convirtió en un búmeran: no sólo afecta a quienes dependen de la asistencia del Estado, sino también a las provincias que ven cómo se desmoronan transferencias y recursos clave para su funcionamiento.
La economía como laberinto
El oficialismo vende como éxito la baja de la inflación mensual, pero el costo de esa estabilización es una recesión profunda. Los comercios vacíos, las fábricas con suspensiones, la construcción paralizada y el consumo en caída libre hablan por sí solos. La sensación que gana terreno es que la inflación dejó de ser el único problema para transformarse en uno más dentro de un escenario general de estancamiento.
Además, la confianza de los mercados ya no es un blindaje suficiente: los mismos sectores que aplaudieron el shock inicial hoy reclaman señales de gobernabilidad real, leyes sancionadas y respaldo político que Milei no termina de construir.
La Justicia y los medios: nuevas trincheras
A este panorama se suma el frente judicial. Los decretos de necesidad y urgencia están bajo la lupa, organismos de control plantean reparos y no faltan fallos adversos que cuestionan la legalidad de ciertas medidas. En paralelo, los medios que en los primeros meses respaldaban con entusiasmo a Milei empiezan a reflejar un malestar creciente. El humor social cambia, y la prensa, siempre sensible a las tensiones de la realidad, acompaña ese viraje.
Un gobierno correteado
Lo cierto es que el Gobierno pasó de la ofensiva a la defensiva. Ya no marca agenda: la corrección permanente, el retroceso en iniciativas legislativas, las peleas con gobernadores y la conflictividad social lo acorralan. Milei empieza a ser “correteado de todos lados”, obligado a responder a presiones que lo superan y a improvisar salidas de corto plazo que desgastan su autoridad.
La pregunta que queda flotando es si el Presidente logrará reordenar su estrategia para recuperar la iniciativa o si, por el contrario, ingresamos en una etapa de desgaste acelerado, donde la política, la economía y la calle empujan en una misma dirección: la erosión de su poder.
En este tablero complejo, la Argentina asiste a un nuevo capítulo de su historia política reciente: el de un gobierno que, pese a haber surgido con promesas de cambio profundo, enfrenta la misma paradoja de sus antecesores —la imposibilidad de gobernar sin diálogo, sin consensos y sin atender el pulso real de la sociedad.
Este análisis es parte de mi compromiso con contar la realidad tal como es, sin maquillajes.
Antonio Paré – Info Central






