Lo verdaderamente insólito del episodio no fue el choque en sí que solo dejó daños materiales sino la reacción posterior del conductor que lo provocó. Leandro De Nardo, tras impactar contra el vehículo de su propio hermano en la Ruta Nacional 11, no solo evitó asumir responsabilidad alguna, sino que descendió de su camioneta con una actitud violenta, insultando y agrediendo al personal vial que se encontraba trabajando en el lugar.
Mientras otros conductores lograron reducir la velocidad y frenar sin inconvenientes ante las tareas de demarcación, De Nardo según testigos y responsables de la empresa circulaba a alta velocidad, evidenciando una conducción imprudente y desatenta. Aun así, lejos de reconocer su error, descargó su furia contra los trabajadores, generando un clima de tensión tal que obligó a la empresa a retirar a su personal por razones de seguridad.
El hecho ocurrió en el ingreso sur de Villa Ocampo, pero los protagonistas tienen domicilio en Formosa, hacia donde se dirigían. La escena dejó expuesta una conducta alarmante: violencia, negación de responsabilidades y una total falta de sentido común al volante.
Lo insólito y preocupante es que personas con este nivel de agresividad e intolerancia sigan circulando por rutas argentinas como si nada. Porque cuando alguien choca, agrede y culpa a todos menos a sí mismo, el problema no es la señalización ni el trabajo vial: el problema es quién tiene un volante en las manos.
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