Durante el encuentro se distinguió a mujeres de la provincia por su compromiso, su trabajo y su dedicación cotidiana, reconociendo el impacto que sus acciones han tenido en sus comunidades.
En este acto, Cristina Del Fabro de Vicentín, vecina de la ciudad de Villa Ocampo, recibió la distinción “Grandes Mujeres”, en reconocimiento a su trayectoria y al valioso aporte que ha realizado a lo largo de los años en la comunidad.
Resulta justo y más que merecido el reconocimiento realizado a su trayectoria vinculada con la música, la actividad coral y la docencia que constituyen vehículos formidables para transmitir valores con la incorporación y el ejercicio de principios como la disciplina, el compromiso, el espíritu de superación y de integración, búsqueda de la Armonía en un ámbito en el que habitan las polifonías y las disonancias, una reivindicación fundamental del Arte y de la Cultura como símbolos de Humanidad. Una sentido de Humanidad que se manifiesta en un crecimiento del Espíritu y del Alma, en una búsqueda permanente de sentidos y de sentimientos profundos, esenciales, contradictorios y complementarios a la vez, como la emoción, la alegría y la tristeza, la decepción y la Esperanza, el pesimismo y la Fe, el desasosiego y la calma, donde siempre se alienta la trascendencia sobre el tiempo, siempre fugaz e inasible, abrazando la Eternidad envuelta y arropada en sonidos, en voces, en arpegios y en acordes.
La Música, el Arte de combinar los sonidos y el tiempo, encontró cuerdas, teclas, parches, vientos, metales y voces en la enorme Vocación docente de Cristina para constituir un Universo de sonidos persistentes, mágicos, definitivos.
El pentagrama, ese mágico sendero de cinco líneas y cuatro espacios, cobija notas que se dibujan en figuras que representan, a la vez, esa asombrosa combinación de sonidos y tiempo, encontró en las manos de Cristina la sabiduría, la sensibilidad y la empatía para que las voces, los instrumentos y hasta los gestos y los movimientos transiten con firmeza ese camino regado de vibraciones sonoras. Ese ejercicio dirigido con maestría impulsó además la búsqueda de agudos y de graves sorprendentes, hallados en los espacios invisibles e infinitos por debajo o por encima de esos trazos uniformes del texto musical.
También Cristina pudo encontrar las claves exactas para darle el nombre y el tono apropiado a cada nota para adecuarse a cada voz y encontrar el ritmo y la cadencia que exprese un nuevo lenguaje, compuesto de sonidos y poesía, con un tiempo necesario y casi siempre imperceptible para los silencios. La Música como Arte, como una construcción armoniosa y enriquecedora para intérpretes y público, opuesta al ruido y a la estridencia disruptiva que aturde y confunde.
Todos esos fundamentos del lenguaje musical que tan bien comprendió, enseñó, practicó y difundió Cristina en su apasionado vínculo con la Música y con la práctica docente, a partir de una pedagogía basada en la construcción colectiva del aprendizaje con humildad y ansias de saber, son los que deberíamos ejercer en nuestra vida cotidiana para asegurar una sociedad integrada, plural, inclusiva, abierta, solidaria y armónica. En una sociedad habitan personas con pensamientos y registros diferentes, a los que hay que interpretar en claves apropiadas y adecuadas, ejerciendo la actitud de escucha, donde el silencio es un valor y no una claudicación, un desdén o indiferencia y donde es necesario, además, construir un espacio, un territorio, un camino común a transitar, donde las alteraciones y las disonancias puedan sonar y exhibirse afinadas y compatibles y la polifonía sea una fortaleza y represente una sinergia sensible y profunda, donde cada voz y cada cuerda suenen potentes y vibrantes, dentro de un Coro que identifique al conjunto y simbolice la búsqueda constante, decidida y convencida de una construcción colectiva y participativa.
Maravilloso mensaje de una actividad que Cristina ejerció con Amor y Pasión. Son los pilares para sostener una trayectoria, para transformarse en una referencia inspiradora, en un ejemplo de entrega a aquello que dignifica, colma y alegra el espíritu y el alma. Aquello que, al fin, es la esencia de nuestra condición humana.
Gracias a la Vida y a la Música. Y nadie mejor que una Mujer, tan femenina como la Música en su esencia, para celebrar y eternizar la Vida. Es un Canto a la Vida, una exaltación de la Belleza. Gracias Cristina.
Prof. Bernardo R. Villalba
Redacción: Info Central






