El lamentable caso ocurrido en San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente ingresó armado a una institución educativa y terminó con la vida de otro menor, no es solamente un hecho policial. Es una tragedia social que vuelve a dejar al descubierto una falla profunda en todos los estamentos de la sociedad.
Pero la primera falla no está en la escuela, ni en la política, ni en la Justicia. La primera falla está en el seno del hogar. Y hay una gran diferencia entre casa y hogar. La escuela enseña materias, contenidos, prepara académicamente. Pero los valores, el respeto, los límites, la conducta y los principios se enseñan en el hogar.
Ahora bien, también es cierto que no todo puede recaer sobre la escuela. Los establecimientos educativos y los docentes muchas veces están solos frente a problemáticas sociales cada vez más complejas. Por eso, así como se discute el salario docente —que por supuesto debe ser digno— también se debe discutir algo igual o más importante: las herramientas.
Hoy por hoy, no existen suficientes herramientas —o no están funcionando como deberían— para que las escuelas puedan enfrentar situaciones sociales, psicológicas y de violencia que crecen día a día. El Estado debe garantizar equipos interdisciplinarios en las escuelas: psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales, capacitaciones permanentes y protocolos de actuación. El docente hoy no solo enseña, también contiene, escucha, detecta problemas y muchas veces cumple un rol social que antes cumplía la familia.
Pero también hay algo que como sociedad debemos decir: no vemos grandes movilizaciones para exigir estas herramientas, no vemos una verdadera revolución social pidiendo prevención, contención y trabajo serio en educación. Muchas veces vemos paros, discusiones salariales y peleas sectoriales, pero no vemos la misma fuerza para exigir lo más importante: las herramientas para evitar que estas tragedias ocurran.
Entonces, la verdad es incómoda, pero hay que decirla: acá fallamos todos. Falló la familia, falló el Estado, falló la escuela como sistema, falló la política, falló la Justicia y fallamos como sociedad. Porque reaccionamos después, opinamos después, analizamos después, cuando ya es tarde.
Y cuando la sociedad llega tarde, la noticia ya no es política ni educativa. La noticia es una muerte.
Lo ocurrido en San Cristóbal tiene que ser un llamado de atención real. Porque cuando un chico mata a otro chico dentro de una escuela, no falló solo una persona. Falló la humanidad.
Por Antonio Paré






