La escena parece absurda, pero ocurrió en Tartagal y deja al descubierto una forma de hacer política que preocupa. El presidente comunal Nelson Elham habría denunciado a un vecino por convocar, a través de redes sociales, a una jornada comunitaria para cortar el pasto y limpiar espacios públicos, ante el visible estado de abandono que presenta la localidad.
Según la información publicada por el propio denunciado en un video, la iniciativa vecinal no tenía otro fin que mejorar el aspecto del pueblo, colaborar donde el Estado local no llega y reclamar, de manera pacífica, respuestas concretas. Lejos de interpretar ese gesto como un llamado de atención legítimo o una muestra de compromiso ciudadano, la conducción comunal eligió el camino de la denuncia.
Editorial Info Central
Lo ocurrido en Tartagal no es solo un hecho llamativo: es el síntoma de una política que trabaja para adentro y no para su gente.
Cuando un vecino decide organizarse para cortar el pasto, no está desafiando al poder: está exponiendo una ausencia. Está diciendo, sin discursos ni consignas partidarias, que el Estado no está cumpliendo con lo básico. Y frente a eso, la respuesta institucional debería ser gestión, autocrítica y acción, no persecución.
Denunciar a quien intenta colaborar es invertir los roles.
Es convertir al ciudadano activo en enemigo.
Es confundir autoridad con autoritarismo.
En lugar de preguntarse por qué el pueblo está cubierto de yuyos, por qué faltan servicios o por qué crece el malestar social, se opta por silenciar el reclamo. Y cuando la política se dedica a defender egos y no a resolver problemas, el resultado es este: un show de mediocridad en el sillón de una comuna, mientras el pueblo espera.
Tartagal no necesita denuncias contra vecinos.
Necesita gestión, presencia y compromiso real.
Porque gobernar no es castigar al que hace,
sino hacerse cargo de lo que no se hizo.






