Por Antonio Paré
Después hablamos de “arreglar el país”. Pero no se puede arreglar una Nación recortando derechos. No se construye justicia social quitándole lo vital a quienes más lo necesitan. Y mucho menos se puede hablar de un “mejor gobierno”, como insiste en autoproclamarse el actual presidente Javier Milei, cuando las decisiones que se toman desde el poder impactan de forma directa y cruel sobre las personas con discapacidad, sobre las familias más golpeadas por la realidad.
Hoy conocí la historia de Valentina una Joven de Lomas de Zamora. Y duele.
Le suspendieron la pensión. Sí, una pensión por discapacidad.
Valentina fue diagnosticada con hipoxia perinatal severa, encefalopatía, epilepsia y microcefalia. Una situación médica delicada y evidente. Y sin embargo, el Estado ese que debería proteger decidió dejarla afuera del sistema de ayuda, amparado en la fría y repetida excusa de que “no eran pensiones legales”, de que eran “truchas”.
Pero entonces, miremos bien la foto. Miremos a Valentina.
Si ella no tiene derecho a una pensión, ¿quién lo tiene?
¿Quiénes quedan dentro y quiénes quedan fuera en este nuevo país de ajustes implacables?
Porque no estamos hablando de acomodos ni de privilegios, como quieren hacernos creer desde el Gobierno Nacional. Estamos hablando de necesidades reales, de familias que pelean todos los días para darles calidad de vida a sus hijos, y que hoy se quedan sin esa mínima ayuda que significa mucho.
Es fácil firmar resoluciones desde un escritorio en Buenos Aires.
Es fácil aplicar tecnicismos para justificar el recorte.
Pero la realidad la más dura está lejos del Excel: está en los hogares con techos de chapa, en los hospitales públicos saturados, en las habitaciones donde madres y padres desesperan porque no saben cómo seguir.
La supuesta “gobernabilidad” no puede ser un espectáculo donde se aplauden recortes y se festeja el dolor ajeno. La política no puede reducirse a un circo de influencers gubernamentales y dirigentes indolentes. Gobernar es un acto de responsabilidad, no de crueldad.
Hoy fue la pensión de Valentina.
Mañana será otra ayuda, otro derecho, otra vida descartada por no encajar en los números del ajuste.
Y cuando se empieza a recortar a los más vulnerables, nadie está seguro.
Porque no es solo una pensión.
Es una sentencia que dice: “Tu vida no vale lo suficiente”.
Y eso, simplemente, no lo podemos permitir. Ni hoy, ni nunca.
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