Un joven fue aprehendido en la ciudad de Las Toscas luego de un procedimiento policial que se inició a partir de una denuncia telefónica anónima que alertaba sobre una persona que caminaba por la vía pública transportando una batería de dudosa procedencia.
Según informó la Unidad Regional IX, el hecho ocurrió el pasado 5 de junio alrededor de las 10:20 horas, cuando efectivos de la Comisaría Quinta recepcionaron un llamado que advertía sobre la situación en inmediaciones de calle 2 y esquina 25.
Tras las primeras averiguaciones, los uniformados se entrevistaron con un vecino mayor de edad, quien manifestó haber adquirido momentos antes una batería de color negro a un sujeto desconocido. Ante las sospechas sobre el origen del elemento, el hombre decidió entregar voluntariamente la batería a la policía.
Con los datos y características aportadas, se solicitó la colaboración de personal de la Patrulla Urbana Zona Norte, que logró localizar a un individuo con características coincidentes. Al advertir la presencia policial, el sospechoso intentó darse a la fuga corriendo y desobedeciendo las órdenes de detención impartidas por los efectivos.
Luego de una persecución, el joven fue aprehendido. Durante la requisa personal, los agentes encontraron entre sus pertenencias una suma de dinero que coincidiría con el monto obtenido por la venta de la batería recuperada.
La investigación continúa bajo la intervención de la Justicia para determinar las circunstancias del hecho y la procedencia del elemento secuestrado.
Editorial
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces se intenta ignorar: el delito no termina cuando alguien roba un objeto, sino cuando encuentra a alguien dispuesto a comprarlo.
Baterías, herramientas, garrafas, celulares o motocicletas suelen aparecer a la venta a precios irrisorios y, en muchos casos, resulta difícil creer que quien compra desconozca su verdadera procedencia. Nadie vende algo de valor por una fracción de su precio sin que existan sospechas razonables.
Por eso surge una pregunta que la sociedad se hace cada vez con más frecuencia: ¿qué responsabilidad tiene quien compra un objeto sabiendo o sospechando que fue robado?
La Justicia será la encargada de determinar responsabilidades en cada caso, pero es innegable que el mercado de lo robado existe porque hay compradores dispuestos a aprovecharse de esas oportunidades. Sin demanda, el robo pierde gran parte de su incentivo.
Porque al final de cuentas, quien alimenta el circuito de la ilegalidad comprando lo que otros sustraen, se convierte en una pieza fundamental de la misma cadena. Y para muchos vecinos, la conclusión es tan simple como contundente: el que compra es tan ladrón como el que lo robó.






