La verdadera solidaridad no consiste en sacar una foto de una persona en situación de calle, de un perro abandonado o de un gato hambriento para después subirla a internet y criticar a toda la sociedad. Porque si usted hace eso y nada más, está cayendo exactamente en lo mismo que denuncia. La primera mano que debe tenderse es la propia.
No alcanza con señalar, no alcanza con buscar comentarios que digan “qué buena persona”, ni tampoco con perseguir el aplauso fácil. El amor por el prójimo y por los animales no necesita cámaras, necesita acciones. Necesita un plato de comida, una manta, un refugio, una palabra, una ayuda concreta. Necesita corazón.
Porque quien verdaderamente siente solidaridad no anda exhibiéndola. La practica. Actúa. Hace. Y muchas veces lo hace en silencio.
Resulta fácil publicar una imagen y responsabilizar a todos los demás. Pero si al momento de sacar esa fotografía usted no fue capaz de detenerse, de ayudar o de involucrarse, entonces también está fallando. Porque la solidaridad no es una competencia de popularidad ni una herramienta para ganar seguidores. La solidaridad es un compromiso humano.
Quizás por eso la sociedad atraviesa tiempos de tanto individualismo. Porque se ha reemplazado el amor genuino por la necesidad de aprobación. Se busca más la repercusión que la solución. Más el comentario que el compromiso.
Quien ayuda de verdad no necesita exhibirse. El bien hecho de corazón no busca fama ni reconocimiento. Busca aliviar el sufrimiento ajeno.
Desde nuestro lugar lo decimos con autoridad moral. Nosotros también ayudamos. Lo hacemos desde hace años y muchas veces nadie se entera, porque no necesitamos publicar cada gesto ni convertir la necesidad ajena en una vidriera. La satisfacción más grande no es recibir elogios, sino saber que alguien pudo pasar una noche menos fría, comer un plato caliente o recibir una mano cuando más la necesitaba.
La solidaridad no son fotos.
La solidaridad no son publicaciones.
La solidaridad no son discursos.
La solidaridad es acción.
Y el amor al prójimo, cuando es verdadero, nace del corazón y se demuestra con hechos.






