El domingo por la tarde, mientras la ciudad transitaba una jornada habitual, una noticia comenzó a recorrer el Barrio Noreste y rápidamente se transformó en conmoción. Un llamado al 911, a las 14:35 horas, alertó a la policía sobre una dramática escena en la intersección de calles Constituyentes y Colón.
Al llegar, los efectivos confirmaron el fallecimiento de Alejandro Antonio Díaz, de 39 años.
Las pericias realizadas en el lugar y el informe del médico policial llevaron al fiscal de turno a determinar que no existían signos de criminalidad, por lo que dispuso la entrega del cuerpo a sus familiares sin necesidad de autopsia. La causa del deceso fue asfixia por ahorcamiento.
Sin embargo, detrás de cada hecho de estas características hay preguntas que la sociedad todavía se debe: ¿cuántas batallas se libran en soledad?, ¿cuántos dolores permanecen invisibles hasta que es demasiado tarde?
La salud mental dejó de ser un tema secundario. Hoy es una realidad urgente que atraviesa edades, contextos sociales y geografías. Hablar, acompañar, escuchar sin juzgar y pedir ayuda profesional ya no puede ser un tabú.
Porque estas tragedias no sólo enlutan a una familia golpean a toda una comunidad y obligan a mirar una problemática que muchas veces se esconde detrás de la vida cotidiana.
Reconquista no fue indiferente esta vez. Y quizás la enseñanza más profunda sea recordar que estar presentes en la vida del otro puede marcar la diferencia entre la oscuridad y la esperanza.
Redacción (INFO CENTRAL) Antonio Paré.
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