Es imposible negar que Villa Ocampo ha crecido de manera notable si la comparamos con lo que era antes de 2007. El progreso está a la vista de todos. Las obras están ahí, las mejoras se observan y los cambios forman parte de la vida cotidiana de los vecinos.
En el Paseo de la Mujer, sobre Boulevard Urquiza, el municipio avanzó en la mejora integral del corredor peatonal. Se amplió el espacio para caminar, se colocaron bancos fabricados por personal municipal y se instalaron modernas luminarias tipo ristra que embellecen el lugar. El resultado es evidente: un espacio agradable, moderno y cada vez más utilizado por la comunidad.
Sin embargo, aparecen los críticos de siempre. Aquellos que encienden el celular para cuestionar todo, los que desde algún micrófono de poca audiencia creen tener la verdad absoluta y preguntan para qué se gasta dinero en iluminación. Lo curioso es que después son los mismos que recorren el lugar, pasean bajo esas luces y disfrutan de aquello que cuestionan.
El sentido común debería imponerse. Villa Ocampo está creciendo. Y quienes se oponen permanentemente parecen incapaces de valorar una sola mejora. Dicen tener todas las soluciones, pero nunca explican cómo harían para mejorar lo que ya está bien hecho. Criticar es fácil; construir, gestionar y concretar obras es otra historia.
Después de muchos años en el periodismo observando la realidad, puedo decir sin temor a equivocarme que una de las etapas de mayor transformación para Villa Ocampo comenzó durante la gestión del doctor Enrique Paduán y continúa actualmente con el intendente Cristian Marega. Son procesos distintos, con estilos distintos, pero con una misma dirección: hacer crecer la ciudad.
Lo que no escucho son propuestas superadoras. No veo proyectos concretos de quienes cuestionan permanentemente. Y entonces surge la pregunta: ¿realmente buscan mejorar Villa Ocampo o simplemente añoran volver a ocupar espacios de poder? ¿Pretenden regresar a los tiempos donde el pueblo dependía de unos pocos y la información llegaba a cuentagotas? ¿O son los mismos que hoy ni siquiera logran encontrar equilibrio para resolver los problemas del país?
Nada es sencillo. Ninguna ciudad crece de un día para otro. Todo requiere tiempo, esfuerzo, planificación y decisiones. Pero también requiere una ciudadanía capaz de valorar lo que se consigue sin perder la capacidad de seguir exigiendo más.
Porque la realidad es clara: cuando una ciudad avanza, algunos aplauden, otros acompañan y unos pocos se enojan. Pero el progreso no se detiene por los comentarios de redes sociales ni por las críticas de ocasión.
Hay que disfrutar lo que tenemos, cuidar lo que se construye y seguir apostando a lo que viene. Porque quien aprende a valorar cada paso adelante siempre estará más cerca de alcanzar algo mejor.
Por Antonio Paré






