Sabemos bien cuál es la situación que atraviesa el país, producto de la ineficiencia e inoperancia de quienes toman las riendas de la política. Dicen venir a solucionar problemas, pero ¿cuál es la verdad detrás de sus promesas?
La historia demuestra que lo único que han generado es desolación en un país inmensamente rico. Pero de nada sirve esa riqueza si quienes lo dirigen con corbatas y guantes blancos no tienen la capacidad ni la voluntad de entenderla ni aprovecharla. Por eso, jamás podrán explotarla. Y menos ahora, cuando todo parece estar agonizando.
Hoy, el gobierno actual ha pasado de ser un simple ejecutor a mostrarse desalmado, sin empatía ni sensibilidad social. Lo digo como ciudadano, pero también como analista político y de crisis desde hace años.
¿Dónde está la bisagra que pueda marcar un verdadero cambio? No la conocen, porque tampoco entienden de eso.
Dicen según sus partes de prensa que la pobreza ha bajado, que la inflación está controlada. ¿Qué hay de cierto en ese relato inflado, armado únicamente para defender un ego político desmedido? La realidad es otra. El país está mal. Y lo más lamentable es que muchos aún siguen fielmente una línea de obediencia ciega, como kamikazes dispuestos a inmolarse por el pacto de la fidelidad política.
La política, en su esencia, es noble. Pero cuando está en manos de personajes sin ética delincuentes, oportunistas, incluso expresidiarios que se postulan y logran ser elegidos por un pueblo desgastado, pierde toda su dignidad.
¡No se traguen más los versos! A estos personajes no les importa la vida del ciudadano. Es mentira que sufren con los que sufren. ¿Acaso se preguntaron alguna vez si ellos conocen lo que es dormir con el estómago vacío?
Y en esa misma línea están quienes manipulan la fe. Pastores, líderes religiosos de dudosa moral, que se enriquecen a costa de la buena voluntad de quienes creen sinceramente en Dios.
Sí, hablo de esos farsantes de distintas sectas y denominaciones que se disfrazan de salvadores. Y lo más alarmante: el presidente los apoya, se alía con esas lacras, pacta con el conglomerado más grande de la mentira y la corrupción, mientras media provincia del Chaco agoniza en silencio.
El líder de ese negocio evangélico exhibe lujos obscenos que valen millones, sin pudor, mientras su pueblo sufre y muere en la miseria. Y aún así, en su ignorancia, muchos seguirán yendo a dar lo poco que tienen, convencidos de que están haciendo el bien.
Y cuando hablo de religiones me refiero a todas, no hay diferencia entre el que usa sotana o corbata. El disfraz cambia, el abuso es el mismo.
Por Antonio Paré.






